EL JUEGO DE AJEDREZ

El joven dijo al abad del monasterio: Me gustaría mucho ser un monje, pero no he aprendido nada importante en la vida. Lo único que me enseñó mi padre fue a jugar al ajedrez, que no sirve para la iluminación. Además, aprendí que cualquier juego es un pecado. Puede ser un pecado pero también puede ser una diversión, y quien sabe si este monasterio no está necesitando un poco de ambos - fue la respuesta. El abad pidió el tablero de ajedrez, llamó a un monje y le ordenó jugar con el muchacho. Pero antes de comenzar la partida, añadió: - Aun cuando necesitemos diversión, no podemos permitir que todo el mundo se pase jugando al ajedrez. Entonces, solamente conservaremos aquí al mejor de los dos jugadores; si nuestro monje pierde, saldrá del monasterio y dejará la plaza para tí. El abad hablaba en serio. El joven comprendió que jugaría por su vida y le vino un sudor frío; el tablero se convirtió en el centro del mundo. El monje comenzó a perder. El muchacho atacó, pero entonces vió la mirada de santidad del otro, y a partir de ese momento comenzó a jugar mal a propósito. Al fin y al cabo prefería perder porque el monje podía ser útil al mundo. De repente, el abad tiró el tablero al suelo. - Tú aprendiste mucho más de lo que te enseñaron - dijo. - Te has concentrado lo suficiente para vencer, fuiste capaz de luchar por lo que deseabas. Después, tuviste compasión y disposición para sacrificarte en nombre de una noble causa. Sé bienvenido al monasterio, porque sabes equilibrar la disciplina con la misericordia.

DE: PAULO COELHO
ATENTAMENTE: STREET

2 comentarios:

Correa Stankevicaite dijo...

MUY BUENO!!!

Anónimo dijo...

Estinado Street:
Me agrado el Blog y particularmente esta narración. Seguire visitando el sitio y si tengo algo de interés será un gusto compartirlo aquuí.

Ate.

Melson Caba Baez
Chile
"Lexter"

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